
Hace ya cuatro años que nos dejaste, es duro y difícil sobre todo al principio reanudar y continuar nuestra vida, nuestra rutina; dicen que el tiempo ayuda a olvidar ese sabor amargo y solo quedan los muchos y buenos recuerdos, después te vas acostumbrando a tu ausencia, aunque no al olvido, raro es el día en que no haya un momento que me acuerde de ti.
Por desgracia, todos éramos conscientes del triste desenlace, tú fuiste el primero en quererlo saber, en asumirlo, dándonos a todos una gran lección de fuerza, lucha, serenidad, valentía, dignidad y saber estar, como siempre lo hiciste a lo largo de tu vida.
Nadie podía escapar a tu educación, encanto, elegancia, honestidad, saber estar, sentido del deber , don de gentes, fuerza, coquetería, simpatía, alegría….; tu gran corazón te han hecho acreedor del cariño, el respeto y la admiración de todos cuantos te conocían, ya fuésemos familia, amigos, vecinos………..
La verdad es que te extraño mucho, extraño tu presencia, tu deambular por casa, lo mucho que disfrutabas con las reuniones familiares, los preparativos cuando celebrábamos algún evento, el espíritu navideño que contagiabas, tu constante viajar sin salir de casa, nuestras rutas de tapeo los sábados al mediodía, la seguridad que me daba saber que estabas siempre ahí cuando te necesitaba…; y me consta que sigues ahí, sigues guiándonos dondequiera que estés.
Mi mejor homenaje a tu memoria es este ikebana hecho con todo mi cariño, amor y recuerdo, un ikebana sencillo, elegante y único, tal cual eras.
¡Te quiero papá; te echo de menos!